Enebrales y enebros (2)

A finales del siglo XVIII, en algunos lugares de la España desforestada surgió la preocupación por el fomento del arbolado, impulsada por las Sociedades Económicas de Amigos del País.

La de Segovia, deseando conocer el estado en el que aquel se hallaba, pidió informes a los pueblos. Y del remitido el año 1786 por Manuel Rodríguez Ríonegro, párroco de Fuente el Césped, lugar de la Tierra de Montejo, tomo un párrafo ilustrativo del momento:

Los árboles del término son en general, encinas y chaparros, enebros y jabinos; de nada se saca aprovechamiento sino de leña y de bellota algunos particulares, pues desidioso el común ni lo guardan ni lo estiman; y de la grana del enebro no hay noticia que sirva para nada.

Yo quiero olvidarme de los aprovechamientos. Ante los enebros, grandes o chicos, me basta saber que están ahí porque me ganan la diversidad de sus formas, su humildad, su adaptabilidad y lo que en ellos adivino, o pongo, de simbólico.

Hice una fotografía el año 1968, en un alto en el camino para mostrar a una hija, demasiado pequeña entonces para entender nada, la prestancia de un enebro del enebral de Arcones. Y tengo otra, bastante más reciente, en la que se ve el enebro de redondeada copa que medró durante años en lo más alto del muro interior del castillo de Pedraza.

Pocos paseos me resultan tan reconfortantes como el que hago por un enebral aclarado, cuando hace calor y el aire está saturado de sus aromas o cuando hace frío y necesito que ese aire penetre en mis pulmones, delicados, llenándolos de salud. Pero también me gusta pasear cuando forman masas impenetrables, buscar ejemplares que se yerguen solitarios, que empiezan a recuperar laderas y baldíos de los que fueron erradicados hace ya mucho tiempo o que rompen rocas y tapias para abrir grietas por las que introducir sus raíces.

Tomo casi como obligación ineludible pararme a contemplar ejemplares señeros como los que hay junto a la ermita de la Virgen del Amparo, en Valleruela de Pedraza, o en el camino que conduce hasta la de la Virgen de la Barga, en Siguero.

Y complacerme con los que, orgullosos de su esbeltez, vigilan la carretera que va de Arcones a Prádena, los que parecen poner cerco a la murada Pedraza o los que, como avanzadilla, semejen marchar en procesión a oír misa de alba en la iglesia de Santa Marta del Cerro.

Entre ellos hago que se muevan personajes sacados de la Edad Media, que no existen pero que yo me imagino.

Otros ejemplares magníficos, aunque viejos y desgarrados, son los que escoltan el santuario de la Virgen de Hornuez, en el enebral de Moral. Había uno, al que llamaban “La Borrega”, que se vino abajo un día del año 2010. La pluma de Guillermo Herrero impedirá que su recuerdo se pierda del todo: Durante siglos “la Borrega” ha acompañado a los hombres de Moral de Hornuez… ¿Quien del pueblo no recuerda, siendo niño, correr con los amigos a “la Borrega”, a descubrir cuantos eran necesarios para abrazarla? Los adultos veían en ella el lugar ideal para que las ovejas sesteasen… “La Borrega” era imprescindible en las fiestas. A su vera se asaban corderos. Todos los romeros la querían como si fuese suya…

Y ya que estamos en Moral de Hornuez, un paisaje de leyenda, nada más adecuado para acabar esta entrada que contar el milagro acontecido en el enebral y en uno de sus enebros:

Cuentan que unos pastores merineros que cruzaban el enebral de Moral, decidieron pasar en él la noche, así que recogieron las ovejas y acopiaron leña seca para encender lumbre al pie de un enebro corpulento. El fuego se les apagaba apenas iniciado y el enebro, que tenía las ramas inclinadas de una manera extraña, empezó a brillar con fuerza, ganando la atención de los pastores que, mirando hacia arriba, vieron una imagen de la Virgen María liada entre el hirsuto ramaje.

La bajaron y marcharon hacia el lugar para dar cuenta del descubrimiento a los vecinos, que quisieron llevarse la imagen a la iglesia parroquial. Como no pudieran hacerlo, entendieron que era voluntad de la Virgen que levantaran allí mismo una ermita en la que venerarla. Y así lo hicieron, aunque más adelante la sustituyeron por el actual santuario, bajo cuya cúpula dejaron el enebro del milagro, en el que se colocó la imagen, que así sigue recibiendo la adoración de las ramas que durante siglos la guardaron y protegieron.

5 Comments

  1. Creo que esta es de las entradas más bonitas que he leído (aunque me gustan todas, todas) por este homenaje tan sentido a un árbol duro que pide poco, pero que contribuye mucho a la vida de la gente y a la vida de todas las especies. Que no todo en la vida es el rendimiento económico y el bienestar de pasear entre estos enebros también es alimento necesario.
    Un beso

    Me gusta

  2. Captas muy bien mis propósitos. Trata de viajar mentalmente a esos enebrales y seguro que sobrellevarás mejor el confinamiento. Un beso.

    Me gusta

Responder a Alicia Lupita Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s