La plazuela de Santa Eulalia

Cuando me propuse investigar sobre la historia del arbolado que tanto encanto proporciona a la ciudad de Segovia, allá por los setenta del pasado siglo -¡ya ha llovido!-, acudí muchas veces al Archivo Municipal, fuente inapreciable de información. Fuera de ese importantísimo, y necesario, detalle tengo mal recuerdo de mi paso por allí. Me daban los libros de actas que solicitaba y tenía que leerlos en una sala grande, de techos altísimos y ventanas sin cristales. Heladora. Días había, cuando nevaba, que los copos de nieve caían sobre mí y sobre los libros que yo trataba de proteger cubriéndolos con mi gabardina.

Soy consciente de que perdí muchos datos porque pasaba las páginas deprisa y en el libro que publiqué –El cinturón verde de Segovia. Árboles para una ciudad-, quedaron lagunas.

De entonces acá, bastantes cosas han cambiado bastante, el municipio ha cuidado su archivo y hay dos archiveros, Rafael Cantalejo e Isabel Álvarez, que a la profesionalidad unen la amabilidad, así que, metido como estoy en sacar adelante este blog, he pensado que ningún momento mejor que el actual para colmar alguna de esas lagunas empezando por la Plazuela de Santa Eulalia y sus almeces (para mí, lairones) centenarios, que entonces olvidé.

El año 1880, la diócesis cedió al Ayuntamiento de la ciudad el cementerio parroquial, que se extendía por el noroeste de la iglesia, sobre un terreno de doble pendiente, de sur a norte y de este a oeste, entre las actuales calles de José Zorrilla y Buitrago.

Un año más tarde, 1881, el arquitecto municipal, Joaquín Odriozola, presentó un proyecto de alineación al que se pusieron objeciones alegando que no se había expuesto al público. Se cumplieron los trámites legales y se empezó a trabajar. Hubo mucha participación vecinal, acaso porque la gente sabía que todo habría de hacerse sobre las cenizas de muchas generaciones de antepasados. Viendo el desnivel creado tras el desmonte, pidieron que se cerrara con una verja y que se hiciera una escalera para acceder a la iglesia desde la plazuela. Las dos propuestas se aceptaron aunque, de momento, sólo se hizo la magnífica escalera de tres frentes labrada en granito.

También pidieron que se hiciera una fuente abrevadero, petición rechazada alegando el Ayuntamiento que iba a ponerse una de adorno pues para abrevar ya tenían cuatro, “en lo alto del Mercado, en el Cuartel de la Trinidad, ante la Casa Grande y en la Marrana”, nombre este que recibía la que hoy es calle de la Independencia.

La fuente se colocó en el centro de la plazuela, recibiéndose la obra de cantería el año 1882. Constaba de una taza poligonal en cuyo centro se alzaba un alto vástago de hierro, curvado en la parte superior para -opinión de Isabel, que considero acertada- sostener un farol de gas al que el sereno tenía que acceder cada vez que lo encendía y apagaba.

Los vecinos seguían demandando y el 30 de agoste de 1884 hicieron una nueva petición: que en la plazuela se construyera un mercado, algo que juzgaban necesario por el crecimiento de población, pero que el Ayuntamiento desestimó “porque se ha pensado en ajardinarla”. Por indicación de un concejal iban a llegar los árboles pues, según consta en el acta de la sesión municipal del día 13 de febrero de 1885, “el Sr. Berzal hace presente lo conveniente que sería para el ornato y comodidad, hacer plantación de árboles en el Plazuela de Santa Eulalia”, acordando el Ayuntamiento que se hiciera “y que al efecto se den las órdenes oportunas al Sr. Director de arbolado”.

Se plantaron algunos castaños de Indias –Aesculus hippocastanum-, de los que todavía subsiste uno, y almeces –Celtis australis-(para mí, lairones), de los que siguen en pie, magníficos, quince robustos ejemplares. Y se ajardinó el espacio. ¿Cuánto tiempo duró el jardín?

En 1893, se colocó la verja de cerramiento con sencillo y elegante diseño de Joaquín Odriozola, a lo largo de todo el lado suroeste, pero no bastó para proteger lo que se hacía, como podemos saber leyendo una carta que el director de arbolado, Sr. Laínez, dirigió al Ayuntamiento:

“Tengo el honor de poner en conocimiento de V. S. que en la plazuela de Santa Eulalia, además del arbolado existen cuatro pequeños cuadros o bosquetes en los que no se consigue que prospere planta alguna porque no habiendo guarda que los vigile, la mucha gente que circula por dicho sitio, el ser un punto de reunión de chicos y los animales que con frecuencia andan sueltos, todo lo destrozan, por cuyas razones propongo que desaparezcan dichos cuadros dejando el arbolado, con lo que la plazuela quedará también más expedita para la concurrencia del,público”.

Desaparecieron los cuadros ajardinados que volvieron a ponerse en los años ochenta del pasado siglo para quitarse en los noventa y, finalmente, conseguir la plaza expedita que apuntaba el Sr. Laínez, un espacio amplio que puede aprovecharse incluso para dar conciertos.

Los que permanecen a pesar de las podas a que periódicamente se les somete, son los poderosos almeces, viejos ya de 135 años y gruesos de tronco como a esa edad corresponde.

NOTA. ¡Y que raro encanto tienen las fotografías que me ha dejado Juan Pedro Velasco!

2 Comments

  1. Querido Juan Manuel, te agradecemos tu puntual información, creo que la PLAZUELA,(no se porqué se ha quitado esta denominación en Segovia,algo sobre ello deje escrito) de Santa Eulalia, en la que pasé mi infancia y fui a la escuela de Doña Ines de Pablos, originó, no hace mecho, una serie de varios articulos en los que definía el lugar como: “La Plaza Martir”. Del diseño de Odriozola está viviendo aún el urbanismo en Segovia. Las regitas de hierro colocadas en zonas ajardinadas actuales han sido sacadas de su ingenio. Segovia debe mucho a Odriozola y Pagola, dos arquitectos que supieron modernizar nuestraCiudad. Un abrazo

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    1. Leí tus escritos y me gustaron. Tienes razón respecto a Odriozola y en cuanto a quitar el nombre Plazuela… Yo ya escribí también sobre lo de quitar vocablos viejos y sustituirlos por otros más del día… Aquel gran periodista llamado Luis Martín Marcos escribió algo así como, nombres del obispo que ha venido o del gobernador que va a venir… Un abrazo.

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