Un almez con cinco siglos y una historia

Cuando yo era chico, de esto hace ya muchos muchos años, al almez -Celtis australis– le llamábamos lairón, nombre que en Segovia creo que se ha perdido. Sin embargo, me resultó muy curioso encontrar un Parque de las bolitas de lairón, poblado de almeces, en Valdemoro, cabeza histórica que fue del sexmo de su nombre, en la antigua Tierra de Segovia.

Nosotros llamábamos bolitas de lairón a las frutillas del árbol, esféricas de forma y dulces de sabor, que cogíamos para engañar el hambre y para guardar sus pipos, proyectiles de unas pequeñas cerbatanas que hacíamos vaciando palitos de saúco. A veces, al espectáculo del cine se unía la diversión que suponía soplar esos pipos sobre los espectadores del patio de butacas.

Es un árbol que gusta del clima mediterráneo, de tronco cilíndrico recubierto de corteza gris bastante lisa, copa globosa y ramas articuladas en ángulo agudo de 45 grados, muy buscados para hacer otro arma infantil, éste más temible, el tirador o tirachinas, que algunos sabían manejar con una habilidad pasmosa.

En Segovia hay pocos almeces (lairones), pero próximo al crucero norte de la iglesia del monasterio del Parral crece uno de dimensiones poco comunes. Yo, por lo menos, no conozco otro igual: 4 metros de perímetro de tronco, a 1,5 metros del suelo, grosor enorme para un árbol que no es de crecimiento rápido. Los años que ha debido tardar en conseguirlos han tenido que ser muchos. ¿Cuántos?

Si hacemos caso a la memoria no escrita de los monjes jerónimos, tantos como el monasterio.

Reinando en Castilla Enrique IV, su valido, Juan Pacheco, Marqués de Villena, tuvo un desafío con otro noble de la corte. Quedaron en vérselas tras una ermita dedicada a Nuestra Señora del Parral y Pacheco, que acudió solo, vio que su rival acudía acompañado de dos hombres.

-Tres contra mí, pensó.

Se encomendó a la Virgen prometiendo que si salía con bien de aquel trance transformaría la ermita en un monasterio suntuoso y puso en marcha una idea que se le ocurrió de repente, gritando:

-Traidor, no te valdrá tu traición pues si uno de los que te acompañan me cumple lo prometido, quedaremos iguales.

Consiguió sembrar la desconfianza en los acompañantes, que pelearon entre sí, y Pacheco se deshizo de su rival. Sin embrago, cuando quiso cumplir su promesa se encontró con que el rey tenía el mismo proyecto y hubo de renunciar, aunque obtuvo autorización real para construir dos tumbas para él y para su esposa en el interior de la iglesia y, en el exterior, hacer una plantación de árboles que traería de su señorío, a la mayor honra de su favorecedora.

Lo hizo trayendo almeces que por estas tierras no se conocían y de los plantados entonces quedan el ejemplar majestuoso, las raíces de otro agarradas a las rocas y los que han ido naciendo de las semillas, uno de los cuales también tiene unas dimensiones considerables, 3,20 metros de perímetro.

Quienes visitan el Monasterio del Parral van a ver arte. ¡Lo que disfrutarían si dedicaran una pequeña parte de su tiempo a contemplar estas galas arbóreas, que están ahí, esperando a los que lleguen dispuestos a admirarlas!

¿No hay más almeces -lairones- en Segovia? Marcelo Laínez, en la relación que hizo el año 1880 del arbolado segoviano, apunta la existencia de 5 almeces de Europa, pero no da la localización, aunque han de ser los que hay en el Paseo de Santo Domingo y en el Paseo de los Tilos. Poco después se pusieron los de la Plaza de Santa Eulalia, que serán objeto de otra entrada.

Más recientemente, cuando desaparecieron los olmos y hubo que pensar en la elección de un árbol que le sustituyera, uno de los preferidos fue el almez (lairón).

Y almeces (lairones) se han puesto donde estuvieron los olmos centenarios de la Calle del Taray, los que ocupan el lugar de las acacias de sombra que envejecen en el Paseo del Salón, y los que van teniendo su hueco en la carretera de la Granja, en la calle Gerardo Diego, en el solar que dejó libre el derribado Mercado de Muerte y Vida, en la antigua carretera de Madrona, en huecos y rincones del barrio de San Millán o de La Albuera… El almez (lairón) terminará siendo un árbol perfectamente identificado con el paisaje urbano de Segovia,

2 Comments

Responder a Juan Manuel Santamaría Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s