Palmeras en Segovia (1)

No son las que se mecen al viento acompasado de los trópicos ni las que, nacidas en los oasis, alegran los arenales de los desiertos del norte de África. Son Trachicarpus fortunei, originarias del Extremo Oriente y únicas capaces de soportar sin helarse temperaturas tan bajas como las que se dan en nuestros crudos inviernos,

El nombre del género viene de las palabras griegas trachi=áspero y karpos=fruto (fruto áspero) y el de la especie del apellido del explorador británico Robert Fortune, que las estudió en China y Japón.

Dos palmeras en el jardín de la Casa de la Moneda

Tiene hojas palmadas, con los foliolos saliendo del centro del peciolo radialmente, formando un abanico, y su único punto de crecimiento es una yema que brota en lo alto de la copa. De esa yema salen las hojas dispuestas en torno al tronco, que no tiene madera sino un apretado haz de fibras y que no crece en grosor, sólo en altura, por lo que no da lugar a la aparición de anillos que permitirían calcular su edad.

He querido conocer, sin conseguirlo, cuando fueron introducidas en Segovia y quien las introdujo.

Hay dos relaciones del arbolado urbano hechas los años 1845 y 1880 y en ninguna de las dos aparecen citadas, así que hemos de suponer que llegarían con posterioridad a esas fechas. El primer testimonio fiable de que ya existían algunos ejemplares son dos fotografías que datan de 1920 y 1930.

La primera es una vista del Jardín del Magnolio de la Academia de Artillería, en cuyo ángulo inferior izquierdo se ve una palmera que se adivina joven. En la segunda se ve el jardín de la fachada principal del edificio con dos ejemplares ya más crecidos. ¿Vinieron, pues, vía Academia de Artillería?

¿Las introdujeron los señores Puigdollers y Vinader, catalanes propietarios de la Casa de la Moneda, cuya huerta transformaron en jardín romántico del que aún se conservan tres palmeras de buen porte?

¿O fueron los propietarios del jardín cerrado con altas tapias tapizadas de hiedra que existe en el barrio de San Millán donde, aunque no es fácil verlas, se adivinan unos diez ejemplares?

Entre los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, el municipio puso palmeras en el Paseo del Salón, lugar que tiene un invierno más soportable por su orientación al mediodía, plantándolas al pie de la muralla medieval y próximas al ábside de la antigua sinagoga judía, buscando, sin duda, crear una estampa orientalizante, en la que se combinan el exotismo de la planta con el de los arcos de herradura que cierran los vanos abiertos en los muros. Efecto conseguido, como puede apreciarse en la imagen que encabeza la entrada.

Además de las palmeras citadas hay dos en el claustro del ex convento de Santa Cruz; una en el ángulo que cierra la calle de San Agustín, otra en la huerta del Monasterio del Parral y otras dos, jóvenes, en la casa de arquitectura racionalista que fue del industrial Nicomedes García.

Como me gusta animar las entradas con alguna narración de las que he podido llegar a conocer, traigo aquí la que sigue, relacionada con tan gráciles plantas:

Un director de la Academia de Artillería estaba casado con una mujer tan guapa y esbelta que los cadetes la llamaban “La Palmera” y sabido es que esos muchachos hacían sonadas bromas la víspera de Santa Bárbara, su patrona. Pues bien, un año no tuvieron mejor idea que ir de noche a un jardín de la ciudad armados de picos y palas para arrancar una palmera que, seguidamente, colocaron delante de la puerta de “La Palmera”.

Siempre dieron una pincelada especial a los rincones en los que se plantaron.

Y lo siguen haciendo, aunque no hay muchas y a pesar de que, exceptuando las del Salón, no son fáciles de ver estando, como están, en recintos cerrados o rodeadas de vegetación. Pero para quien las sabe buscar, ofrecen imágenes tan originales e insólitas como las que dos amigos, Gerardo Huertas y Juan José Bueno, me han ofrecido para que las utilice como cierre a esta entrada, dedicada a las, para nosotros, exóticas plantas.

3 Comments

  1. Me parece que mi próxima visita a Segovia iré cámara en mano para ir buscando y fotografiando las palmeras que relatas en esta entrada. Hay cosas que uno no se da cuenta de que están ahí hasta que alguien te las muestra. Qué bonitos árboles!

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