Segovia: la alameda.

Se plantó en el siglo XVI, siendo, si no la primera, sí una de las primeras alamedas de España: a finales del mismo siglo ya se hacía notar junto al río Eresma “en cuya ribera hay una buena alameda”, escribió el viajero Cock; y en el siglo XVII ¿el francés Louis Meunier? la llevó a un grabado en el que luce como elemento destacado de la ciudad.

Pasó a letrillas populares que se cantaban con acompañamiento de dulzainas: Viva Segovia que tiene / una alameda famosa / y a las orillas del río / una fábrica de loza.

Y cuando el poeta Antonio Machado llegó a Segovia, el año 1919, tuvo a bien citarla, aunque de refilón, en unos versos que se han recordado, grabados en piedra, en el pretil de uno de los puentes por los que se accede a ella.

No se ha recordado que fue, acaso, la primera alameda de España, ni sus fechas, ni el nombre de los regidores que la propiciaron, ni el de los artistas locales que la dibujaron o pintaron…

“Segovia de la Sierra, quien en ti nace no medra; de fuera vendrá quien en ti medrará”, escribió en el siglo XVI Garci Ruiz de Castro, el primer historiador de la ciudad,

Traigo a esta entrada, como brisa del Eresma, una página que es recuerdo a un elegante y agudo periodista y poeta local, Luis Martín García Marcos; a un dibujante notable, Jesús Helguera, a quien la guerra hizo marchar de entre nosotros; y a una revista, Cultura Segoviana, editada en 1932 por el naturalista Celso Arévalo Carretero, con el que los anteriormente citados colaboraron.

Volvamos a la que los segovianos llaman la Alameda aunque en documentos municipales haya figurado como del Río, del Parrral, de Abajo o de Santa Ana, que durante mucho tiempo, dos siglos, fue el único espacio verde creado como lugar de recreo para los vecinos, que bajo las oscuras y cerradas copas de los olmos buscaban un refugio que los defendiese de los rigores del verano, a pesar de que, como escribió el corresponsal en Segovia de Pascual Madoz, resultase “muy incómodo bajar a ella por la distancia y las grandes cuestas que al regreso fatigan demasiado”.

Se la dotó de una pequeña fuente con caño de hierro, que perdura, y más adelante, al ser clausurado por la desamortización el monasterio del Parral, se trasladó hasta ella la gran fuente de granito con cuatro caños que había en el claustro de aquel.

Fue un adorno nada más, pues por ella nunca corrió el agua. Esta sí corre ahora, abundante y cantarina, aunque no por la fuente sino siguiendo la red de canales que se han trazado en la Alameda para su saneamiento y drenaje.

Los chiquillos se metían en el caz de los Mostenses y lo recorrían, agachados, buscando los peces bajo las piedras; los mozalbetes jugaban al chito y al marro en las calles abiertas entre las líneas de árboles; las mujeres bajaban a lavar la ropa que tendían en el césped del declive existente entre la carretera y el río; y muchas familias iban allí a pasar el día comiendo o merendando cada 26 de julio, festividad de Santa Ana. Llegó a haber barcas y el primer puente fue línea de salida para pruebas de piragüismo. Hoy, y no es poco, sólo suele ser frecuentada por paseantes, fotógrafos y pintores.

Yo invito a que bajen hasta ella a los amantes de reconocer árboles. Como la grafiosis acabó con los olmos apenas hay ejemplares que llamen la atención, pero pueden verse cuatro especies de álamos: el álamo negro, con las grandes verrugas de su tronco; el chopo, de apretada silueta; el álamo gris, con el blanco verdoso de su corteza y el álamo de Carolina, reconocible por su agrietada corteza y las hojas que dibujan la forma de un delta.

El paseante podrá buscar tilos,plátanos (uno de estos el árbol más grueso de la alameda en la actualidad), fresnos, hayas, carpes, alisos, arces, nogales, avellanos, majuelos, cotoneaster, aligustre japonés, cornus, rubus, rosa canina, saucos y hasta un mostajo.

Le invito a que con papel y lapicero reconozca todos las especies citadas y algunas que se me hayan podido pasar.

8 Comments

  1. Mis entradas las leen varias personas del UQ pero al ver que había una me he dicho: Ésta viene de Sheffield. Ya he hecho paseos con los pintores del Curso de Paisaje, pero me van fallando las fuerzas.

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  2. Esta alameda es preciosa, ¡Y tan fresca en verano! Es una maravilla la cantidad de árboles que hay y espero que sigan creciendo fuertes y que no enfermen como pasó con los olmos. Como siempre, ¡fantástica explicación!

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  3. Me gusta mucho este singular paisaje. recuerdo pasar tardes de verano allí… jugando a la pelota y a la comba. recuerdo una fuente con ranúnculos alrededor. Una maravilla seguir aprendiendo cosas de nuestra ciudad, nuestros parques y nuestros árboles.

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