Jardines del Alcázar de Segovia. (2) El Parque

Cuando se repobló Segovia allá por los años finales del siglo XI, nobles y clérigos ocuparon extensas propiedades sobre las que edificaron y en las que cultivaron mucho de lo que necesitaban, consiguiendo así una ciudad sostenible, concepto vacío de contenido, pese a lo mucho que se cacarea, en la actual aldea global. Si el terreno cultivado era pequeño se llamaba huerto y si era grande, huerta, hecho que ha dejado huella en la toponimia local y del que no se libró ni el soberbio alcázar de los monarcas castellanos que, entre las rocas en las que se asienta y el río Eresma, tuvo la que los segovianos han llamado Huerta del Rey, por más que no faltaron artistas, en exceso imaginativos, que la vieron palenque de torneos medievales.

Quedan vestigios arqueológicos del viejo sistema de riego de esta huerta que dejó de serlo, sin que sepamos cuando, para acabar transformada en parque.

Ocurrió esto último  en los años del reinado de Fernando VII, de cuya época datan el muro que lo cerca, la puerta de acceso adornada con los escudos de Castilla y León y el trazado del que pudo ser primer jardín romántico español, aunque esto sólo se apunta como posibilidad, ya que lo conocido por dibujos y grabados un poco posteriores sólo nos muestra una plantación lineal de árboles que más parece concebida y puesta para ocultar que para el ornato.

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Vista del Parque con el muro, la puerta y la plantación lineal de árboles, en grabado sobre fotografía de Levy, de hacia 1870.

Es un espacio cuya forma se aproxima a un triángulo rectángulo, dividido en dos partes desiguales por una calle central que, flanqueada por bancos y farolas, une la puerta de acceso con la que da entrada al Torreón del agua, situadas respectivamente a levante y a poniente. Visto desde fuera se nos antoja oscuro y compacto aunque en realidad es abierto y luminoso, con plazoletas, paseos, sendas, fuentes, aliviaderos, áreas de descanso y una masa forestal que fue de olmos pero que hoy es muy variada, poco densa y sabiamente distribuida.

Puerta el parque
Acceso al torreón del agua

Puertas de acceso al Parque y al corto corredor de la Torre del agua, ambas comienzo y final de la calle central que recorre el conjunto.

Aproximadamente en el centro de esta calle hay una fuente, documentada con la siguiente inscripción epigráfica: SU MAGESTAD (HIZO DONACION) A ESTA CIUDAD DESTA FUENTE PARA LA PLAZA DESTE REAL ALCAZAR 1862.

Fuente 2 3

De la lectura se deduce que ese no era su sitio. La donación de Isabel II, que fue la donante, no se colocó en el lugar para el que había sido destinada porque en el mes de marzo de aquel mismo año, 1862, se produjo el pavoroso incendio que tantos estragos causó en el edificio y más adelante, cuando éste hubo sido reedificado y se procedió al ajardinamiento de la plaza, la fuente no pudo ocupar el que hubiera sido el lugar adecuado, el centro del parterre, porque en éste se erigió el Monumento a los Héroes del 2 de mayo de 1808.

Sus piedras quedaron olvidadas y dispersas hasta que pudo ser recompuesta y colocada en el parque con un surtidor añadido.

Pasada la fuente, el paseante podrá ver un sobrio monumento-homenaje al Arma de Artillería que cierra un área de estancia y tras él unos escalones que conducen al tramo final de la calle, donde hay un breve rellano con un pozo labrado en granito y arco de hierro para la polea, viniendo luego la fachada del Torreón del agua, con la puerta que da acceso a un corto pasadizo y a una escalera de caracol, antesala del Balcón de la princesa, abierto al río. Sobre la puerta, recordando una vez más al Arma de Artillería hay una pequeña imagen de su patrona, Santa Bárbara, protegida por reja neogótica.

De la calle central al muro que marca la separación entre el parque y el río se llega por suaves taludes poblados de árboles y sembrados de un bien cuidado césped o por tres escalinatas labradas en granito y con barandillas y pasamanos de hierro, entre las que destaca la central, por sus dimensiones, pues tiene cuatro rampas con varios tramos.

Escalera con cuatro bajadas

Esta parte es la más llana del Parque, rica en formas y color, con sauces llorones, prunus púrpura, una segunda fuente circular y una pista que sabe de bailes, conciertos y representaciones teatrales.

Si lo que queremos es recorrer el talud en toda su extensión, lo haremos tomando varios caminos trazados en zig-zag para aliviar la dureza de la pina pendiente. Son bastante anchos, con una parte preparada para los viandantes y otra, ligeramente acanalada, para acoger las aguas evitando que las arroyadas deterioren el firme.

Los límites laterales son diferentes ya que a un lado tienen un murete de mampostería cogido con mortero para contener la erosión y al otro, cautivadoras plantaciones lineales de lilas y celindas.

Parque Alcázar 2

Hay barandillas de hierro, un gran estanque, otra fuente circular con surtidor y rincones con mesas y bancos sobre los que descansar del esfuerzo de la subida, resultado de obras que no han sido de un día, sino de actuaciones periódicas, algunas, como las efectuadas en febrero del año 1918, de cierta importancia. Y en el conjunto, muchas plantas aunque para no hacer la entrada excesivamente larga, no las citaré aunque sí propondré al visitante que, como pasatiempo, trate de localizar las especies que yo he localizado: dieciséis frondosas, doce coníferas y quince arbustivas. Sí llamo la atención sobre un saúco con tronco de unos 50 cms de diámetro -una enormidad para un saúco-, sobre dos bojes arbóreos que a pesar de tener un tronco que apenas sobrepasa los 15 cms de diámetro se calcula que podrán tener 125 años, y sobre un tejo de tres ramas.

alcazar parque_2011

Hay encantos que dependen de las estaciones, como el que ofrecen las flores y aromas de lilas y celindas o los encendidos tonos de las hojas de los árboles de hoja caduca a la llegada del otoño. Antes de salir, se puede una vez más volver la mirada hacia la pista para imaginarse a las jovencitas asistentes al baile del final de curso de la Academia de Artillería y recordar unos versos -¿sonoros, cursis?- de Rubén Darío:

Era un aire suave de pausados giros,

el hada Armonía ritmaba sus vuelos

e iban frases vagas y tenues suspiros

entre los sollozos de los violencelos.

Sobre la terraza, junto a los ramajes,

diríase un trémolo de liras eolias,

cuando acariciaban los sedosos trajes,

sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias…

Un convenio firmado entre el Ayuntamiento y el Patronato del Alcázar el año 1990 permitió tener abierto el Parque durante los veranos. El Ayuntamiento decidió no renovarlo por el escaso interés, dicen, que los segovianos mostraron en pasear por tan singular espacio y conocerlo así que en la actualidad no es visitable.

4 Comments

  1. Una delicia aprender tanto en tan pocas líneas sobre este jardín tan grato y acogedor.
    Gracias en nombre de todos tus lectores que seguro han disfrutado tanto como yo.

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  2. No me imaginaba que en ese espacio hubiera un jardín tan grande, y sí, es una pena que no pueda estar abierto para disfrute de los segovianos y turistas en general. Sería un añadido al encanto del paseo habilitado a la orilla de río a los pies de tan bello monumento.

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