El Soto de Revenga

Esta fotografía de principios del siglo XX, conservada en el Museo Zuloaga de Segovia, pone ante nuestra mirada una vieja tradición de Revenga: la romería en honor de la Virgen del Soto, fiesta grande en la que se unen actos religiosos y profanos.

Un soto, en estas tantas veces ásperas llanuras castellanas, es como un oasis en los arenales del desierto, una maravilla de frescor y verdor nacida de la unión de agua abundante, suelos profundos y rica vegetación, en la que destacan los fresnos -ayer también los olmos que la grafiosis hizo desaparecer- a cuyo arrimo crecen majuelos, rosales silvestres y zarzamoras.

El fresno de los sotos es Fraxinus angustifolia, fresno de Castilla o fresno, a secas,  árbol ni muy alto ni muy longevo, pero capaz de soportar las más drásticas podas, que no le dejan crecer en altura pero sí alcanzar grosores increíbles, aquí con muchos ejemplares de circunferencia superior a los cinco metros en el tronco, a un metro de altura del suelo porque en la copa es fácil que dupliquen o tripliquen esa medida. ¡Y hasta medí uno que tenía 9 metros!

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Al majuelo, Crataegus monogyna, también se le llama manjoleto. Está armado de espinas largas y duras, da unas bellas flores blancas y un fruto rojo, la majuela o manjoleta, de carne sosa y pipo duro. Por sus espinas se le usó para armar setos defensivos alrededor de las viñas y en la provincia hay pueblos donde a los campos plantados de vides no les llaman viñas sino majuelos.

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La rosa silvestre, rosa de perro o rosa de muertos –Rosa canina– es un arbusto también espinoso que da unas rosas sencillas y unos frutos, los escaramujos, de color rojo brillante. Y la zarzamora –Rubus ulmifolius– es otro arbusto espinoso, que da flores en racimo de las que salen las moras, fruto de color negro morado y delicioso sabor.

Bajo el manto de árboles y arbustos crecen campanillas –Narcisus bulbocodium-, chirivitas –Bellis perennis-, orquídeas –Orchis mascula-, gamones –Asphodelus albus-, leche de burra –Ornithogalum umbellatum– y la gala de las flores de este soto, la grácil peonía –Peonía suffruticosa-, de pálido color malva…

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Pero el Soto de Revenga es un espacio tan singular que, además de naturaleza, ofrece atractivos retazos de historia y leyenda.

Dentro de la arboleda hay una joyita arquitectónica que pocos pensarían encontrar: una ermita románica del siglo XII, de una sola nave, ábside semicircular con ventana abocinada en el centro y una portada abierta al sur muy representativa, por su sencillez, del románico segoviano.

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Está dedicada a la Virgen del Soto, aureolada de leyenda. Cuentan que la veneraban los vecinos de Revenga en la iglesia del pueblo pero, ante la llegada de los musulmanes, aquellos decidieron huir con lo más imprescindible, pensando que el abandono del lugar sería breve y para evitar que la imagen, que no quisieron llevarse, pudiera ser profanada acordaron esconderla en un lugar seguro. Alguien indicó que ningún escondite mejor que alguno de los muchos troncos huecos que había en el soto y allí la llevaron. Eligieron uno, metieron la imagen por la gran abertura y cuando arrimaban zarzas para dejarla bien tapada,vieron sorprendidos que el tronco se cerraba solo.

Se fueron tranquilos y pensando que ya la sacarían al regresar. Pero recordemos que tardaron tres siglos en volver y los que regresaron, aunque guardaban la memoria de la existencia de una imagen de María escondida dentro del tronco de un fresno, ignoraban cual pudiera ser por lo que decidieron ir en procesión al soto y rezar para que la Virgen se les manifestara. Hicieron una parada cerca de un árbol que les pareció más grueso de lo normal y, al comenzar la rogativa, pudieron ver, llenos de asombro, que el tronco se deshacía y que en el interior aparecía la imagen como si por ella no hubieran pasado los siglos.

Levantaron una ermita y, según dice la tradición, desde entonces se viene celebrando la romería.

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Mucho más podría decirse del Soto de Revenga, de sus usos comunales, de las bellezas que ofrece siguiendo el ritmo de las estaciones, de las magníficas formas cuasi escultóricas que presentan muchos de los fresnos podados, de la displicencia con que te miran las cigüeñas que allí tienen sus nidos…, pero con lo hasta aquí escrito bastará, creo, para despertar el deseo de ir a conocerlo y, respetándolo con el más exquisito cuidado, pasear por él mirando hacia arriba, hacia abajo, a derecha y a izquierda para absorber todo lo que este lugar privilegiado puede ofrecer al paseante.

1 Comment

  1. Me ha encantado volver a escuchar la palabra majuelo, de uso muy común en Carbonero el Mayor, para referirse a la viña; también tenemos la palabra pimpollada para pequeñas tierras particulares plantadas de pinos.

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