Aldeanueva del Codonal: dos pinos, una tragedia y un desastre

No lejos del río Voltoya y del espléndido pinar que pone verdor en sus dos riberas, se encuentra Aldeanueva del Codonal, una pequeña agrupación de casas cuyos vecinos vuelcan su religiosidad en Nª Sª del Pinarejo, a la que veneran en un santuario de dimensiones más que notables para el tamaño del pueblo y junto al que crecen dos árboles singulares: el Pino de la Virgen y el Pino del Niño.

Son pinos piñoneros –Pinus pinea– aquí llamados albares en contraposición a los resineros, conocidos como negrales.

Cuando yo los vi, y admiré, por primera vez, la silueta del Pino de la Virgen lucía tan rotunda e inmensa, que hasta pensé que sólo a él podían referirse los versos con los que Antonio Machado definía al pino como especie:

El pino es el mar y el cielo

y la montaña: el planeta…

¡Tan grande y magnífico me pareció el pino cuyo tronco, a la altura en que se dividía en tres ramas, medía mas de 5 m de perímetro! La imagen que capté con mi cámara es la que encabeza la entrada.

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El Pino del Niño. Año 2000.

El Pino del Niño, el que está encima de estas líneas, era mas alto,como si quisiera compensar con su esbeltez el mas reducido volumen de copa y el menor grosor de tronco, que ¡sólo! rebasaba ligeramente los 3,5 m de perímetro.

Al tiempo que los admiraba, me pregunté el por qué nadie los habría talado, con las cargas de madera y leña que hubieran proporcionado. Y supe, preguntando, que la causa estaba en la devoción que los vecinos de Aldeanueva profesan a su Virgen.

El domingo 24 de agosto de 1919 fue terrible para el pueblo. A las tres de la tarde, cuando el sol pegaba con más fuerza, se desató un pavoroso incendio, iniciado al parecer en el horno que unos muchachos habían encendido para asar piñas. Del horno pasó a una casa y de esa a otras, llegando a adquirir tal dimensión, que de 100 edificios que había, 52 viviendas y 3 corrales quedaron destruidos. Y sin que acabara en eso el daño, pues el fuego también hizo estragos en enseres, en aperos y en las cosechas de cereales, que ya se habían recogido y que se quemaron en sus tres cuartas partes.

Para paliar en lo posible tanto daño, las autoridades provinciales hicieron envíos de pan, vino, leche y huevos; se abrió una suscripción en favor de los damnificados y el Ayuntamiento acordó conceder pinos gratuitamente a quienes se quedaron sin casa, como ayuda para que la edificaran de nuevo.

Y aquí se establece el nexo entre la devoción a Nª Sª del Pinarejo y la corpulencia de los dos formidables pinos: el vecino al que se los adjudicaron renunció a ellos y se los donó a la Virgen, para que nunca faltara una sombra bajo la que pudieran cobijarse cuantos devotos se acercaran al santuario.

Pinarejo 2 recortada

El Pino de la Virgen. Año 2000. Ya había perdido una de sus ramas.

A punto de cumplirse un siglo, los dos pinos siguen en pie. Con un tronco mucho más grueso: 6,8 m de perímetro el Pino de la Virgen y 4, 4 m el Pino del Niño, pero tras haber pagado tributo a su grandeza.

La nieve echó abajo una de las tres ramas del Pino de la Virgen. Solo una, pero supuso la pérdida de la tercera parte de su copa.

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El Pino de la Virgen. Abril de 2018.

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 El Pino del Niño. Abril de 2018.

Las nevadas que cayeron en enero de este año 2018 se cebaron en las ramas de los dos, con lo que sus siluetas apenas si son la sombra de lo que fueron.

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El santuario y los dos despeluchados pinos.

Juzgada por nosotros, la Naturaleza a la que decimos sabia también resulta cruel.

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