Apuntes rápidos sobre los bosques de la Tierra de Pinares

La Tierra de Pinares segoviana es un espacio monótono si así queremos verlo, pero inconmensurable y singular donde los haya porque…, ahí es nada: más de 100.000 hectáreas divididas en dos grandes manchas que van del río Duratón al río Voltoya, pobladas de pinus pinaster, el pino que aquí llamamos negral o resinero, especie sobria donde las haya, capaz de desarrollarse sobre unos terrenos que son pura arena, la duna continental definida por los geólogos, sobre la que ninguna otra especie vegetal medraría.

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Los pinos, arriba, coronando una capa de arenas de unos 100 metros de espesor, en Burgomillodo, junto al Duratón.

Pero él crece, aunque con las enormes dificultades denunciadas por su desmedrado porte, para hacer la riqueza, hoy reducida a mínimos, de numerosos pueblos, entre los que podemos citar a Zarzuela del Pinar, Aguilafuente, Navas de Oro y Coca, que vivieron en buena medida de resinar, recoger, con grandes fatigas, lo que alguien llamó el “sudor del monte”.

resineros Cabezuela

Castigados por las labores de resinación a los que están sometidos, los pinos aguantan aunque retorcidos y débiles. Pinar de Cabezuela.

Es una masa forestal que, desde antiguo, llamó la atención de cuantos se adentraban en ella. El checo Rosmithal de Blatna, que visitó Segovia durante el reinado de Enrique IV, escribió sobre uno de sus sectores: “De Fuentidueña a Aguilafuente hay cinco leguas y en toda nuestra peregrinación no vimos ninguna región que tuviera más pinos que ésta pues aunque abundan en Francia, no se ven tantos ni con tanta frecuencia. Recuerdo mejor que otras cosas estos pinares porque, cansados nuestros caballos, tuvimos que atravesar a pie aquellas selvas, sedientos por el calor que hacía”.

Cuando los alemanes venían, como sabios de Europa, a estudiar temas españoles, hacían grandes aportaciones unas veces y otras decían tonterías, como Hopner cuando escribió que estos pinares se plantaron en el siglo XV, a la sombra de las ferias de Medina del Campo que necesitaban madera para construir talanqueras y encerraderos por los que conducir y encerrar el ganado. Diremos que son más antiguos, que su origen se pierde en la noche de los tiempos aunque nosotros no lo podamos rastrear documentalmente sino a partir del siglo XI, cuando se fundaron pueblos que se llamaron, y por algo sería, Pinarnegrillo y Pinarejos.

Resineros Temeroso

Pinos abiertos y con los potes colocados para recoger la resina. Pinar de Carbonero el Mayor.

Lo que sí se hizo durante la Edad Moderna fue ampliar la superficie de los pinares a costa de encinas y robles por el alto rendimiento que daba la resina, un producto de gran demanda -hoy no podemos hacernos ni idea de cuan grande era-, materia prima para obtener aguarrás, hacer jabón y, sobre todo, pez, un producto usado para impermeabilizar barcos grandes y pequeños, toneles y cubas, calzados, cordelería y todo tipo de pieles usadas para hacer pellejos, odres y botas, ya fueran estas para llevar vino o para calzar. Hasta hace bien poco tiempo, el vino se transportaba en pellejos impermeabilizados con pez y con pez se calafateaban los barcos que lo llevaban a medio mundo. De la importancia que tuvo la resina para la provincia de Segovia, hoy apenas queda la sombra.

Resineros Villaverde

El aprovechamiento del pino para obtener madera es la alternativa a la resina. Pinar de Villaverde de Iscar.

Con el descenso de la explotación, como pocas sostenible pues ha mantenido la masa forestal en unos terrenos que si no fuera por estos pinos serían un desierto, gana el porte de los árboles, que sin los ácidos, las picas y los descortezados crecen más rectos y esbeltos, aptos para acomodarse a los nuevos usos, tablas y tacos con los que fabricar palets empleados en labores de carga y descarga de mercancías.

También ganan algunas poblaciones que, respetando las chimeneas de las fábricas como parte de su patrimonio, del resto del solar hacen suelo urbano sobre el que construir viviendas o trazar parques.

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Suelo urbano sobre lo que fue el solar de la fábrica de resinas de Basilio Mesa, la Santa Emiliana, en Navas de Oro.

1 Comment

  1. Siempre es emotivo leer referencias a nuestros pueblos, en mi caso Carbonero el Mayor. Me ha acercado recuerdos de mi niñez, cuando a finales del verano se daba pez a las cubas de vino: el olor a la pez quemada, en el interior de las cubas, rodando las hasta que quedaban bien impermeabilizadas. Desaparecieron los majuelos, después dejaron de resinarse los pinares; dos labores que ahora remontan tímidamente.

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