Nuestros acebos

El acebo –Ilex aquifolium– es uno de los arbustos más bellos de nuestra sierra, donde podemos verle con ejemplares aislados, perdidos entre robles y pinos, o formando una masa pequeña pero tan fascinante como el acebal de Prádena, unas 60 hectáreas de matorral denso y punzante.

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Acebo en el curso alto del río Pirón

Subir hacia las fuentes de los pequeños ríos que se descuelgan de las cumbres o hacia los puertos que permiten salvar las barreras montañosas es un placer que, si tropezamos con acebos, es capaz de golpear la sensibilidad menos permeable.

Se utilizó, porque además de planta bella es útil, para extraer la goma de sus ramas y hacer liga con la que se impregnaban juncos y varetas en los tiempos que, aunque hoy es ilegal, cazar pájaros era un recurso que no se podía despreciar.

Sus flores blancas no son muy lucidas pero esta carencia se compensa con el restallante brillo de sus hojas verdes, casi todas, aunque no todas, espinosas, y el intenso rojo de sus diminutos pero numerosos frutos.

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Los vecinos de Prádena, por generaciones, han sabido cuidar su acebal, aún cortando anualmente hasta 10.000 kilogramos para confeccionar adornos navideños. Pero han sido ellos, los pelangutos, que así es como se llama a los vecinos de este pueblo serrano, quienes han conservado esta especie haciendo uso de ella, aunque recientemente también se preocupan de los acebos gentes de los despachos que quizá nunca han visto un acebo real.

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Acebo de la variedad aureovariegata en los jardines de La Granja.

Es un arbusto que acepta bien convertirse en planta de jardinería, aislada o formando setos impenetrables, y ha aceptado que se le utilice para conseguir variedades como el aureovariegata que, aunque domado, es igualmente bello.

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Un último apunte: en su belleza está su daño cuando alguien lo poda de forma avariciosa para robarle sus ramillos llenos de color. Este es el mismo acebo del curso alto del río Pirón, el 24 de diciembre de 2017, después de que lo “visitaran” unos podadores inmisericordes.

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A éste no le llegaron a ver y así lucía de espléndido con toda su carga de frutos.

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